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La toxicidad en la pesca

El año 2020 está siendo un poco trambólico para todo el mundo, y claro, para mí no iba a ser menos. De una forma u otra, mi mentalidad y mi forma de pensar sobre muchas cosas ha cambiado, y he caído en la cuenta de que he perdido mucho tiempo que podría haber dedicado a hacer lo que realmente me gusta. No es que no haya hecho lo que me ha dado la gana siempre, no es eso, pero podría haber elegido mejor.

En los últimos días también he estado reflexionando bastante sobre lo que significa la pesca para mí. También en lo que era la pesca recreativa o deportiva cuando empecé y cómo ha ido evolucionando hasta el día de hoy. Parece que no, pero han cambiado mucho las cosas, algunas a mejor, otras no tanto. No tiene mucho que ver lo que era pescar hace 10-15 años con lo que es ahora.

Por desgracia, para muchos, la pesca se ha convertido en un deporte elitista en el que destacar sobre los demás a toda costa. Aparentar en las redes sociales, criticar cada publicación, tener el blog con más salseos y más comentarios falsos, linchar al que se salta una norma, apalear al que no suelta un pez, comprar seguidores en Instagram, destruir al que fabrica en China, maldecir al que no revela sus spots, atacar al que hace rockfishing, despreciar al patrocinado, colocar señuelos en peces para la foto, esconder lo que uno sabe con excusas baratas para que otro no aprenda y pisar a cualquiera para ser reconocido, aunque sea en un simple grupo de WhatsApp. Y mil y una idioteces más que me dejo porque daría para muchas páginas.

¿En qué momento se ha convertido nuestra afición en algo tan tóxico? ¿Quién disfruta realmente con todo esto? ¿Tan difícil es que cada uno se dedique a lo suyo? Me he hecho estas preguntas muchas veces en los últimos meses.

Hace unos días por fin pude volver a salir a pescar con mi amigo Pedro. Hacía más de un año que no pescaba con él, por lo ocupados que estamos los humanos en la vida moderna. Él no sabe de marcas, ni de salseos, ni de grupos de Telegram, ni de spots secretos, ni sobre quién es el nuevo Cristiano Ronaldo de la pesca. Tiene un equipo de spinning ligero de gama baja que le recomendaron en una tienda. Sabe hacer un par de nudos sencillos, y su único paseante de superficie es un Shabu Shabu blanco. Y se divirtió como nadie a base de lubinas, y yo viéndolo.

De esa jornada no hay fotos, ni mensajes en redes sociales, ni tampoco un simple artículo en el blog explicando la jugada. No tuvimos tiempo para pensar en eso, ni lo echamos de menos después. En cambio hubo capturas, risas, almuerzo, cerveza, un entorno único y una sensación de haber disfrutado de la pesca plenamente que hacía mucho tiempo que no tenía. Como en los viejos tiempos. Como siempre hemos sido. Y entonces, vuelvo a recordar lo que de verdad es la pesca para mí.

Para que algo cambie, primero tiene que cambiar uno mismo. A partir de ahora mi intención es limitarme a pescar, disfrutando de cada momento y cerrando la puerta a cualquier cosa que pueda intoxicarme. Y el que quiera que siga con sus películas.

2 comentarios en «La toxicidad en la pesca»

  1. Me ha encantado tu artículo. He vivido lo que comentas. Una conocuda app de pesca, que en inicio quiso servir de diario de pesca, al final se convirtió en un Instagram de lucha encarnizada para ser «el mejor pescador»????, hasta el punto de que muchos estaban más pendientes de subir capturas que de realmente pescarlas….. En fin. Como buen dices, algo tóxico. Tuve la claridad suficiente para cortar por lo sano, desinstalar esa puñetera app, que me tenía absorbido, y volver a pescar buscando únicamente mi dusfrute, y no la «aprobación» de los demás.
    Gracias por este artículo. De verdad.

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