Hacía tiempo que no salía a pescar, y tenía muchas ganas. Abrí Windguru, y el panorama no pintaba nada bien: viento fuerte de sureste. Verdaderamente complicado. Lo que no esperaba era que iba a llegar mi primera dorada a spinning.

La búsqueda del spot

Salimos con pocas ideas y menos espectativas. Me acompañaba Inma, y teniendo en cuenta las malas condiciones el plan era buscar nuevos spots.

Nos llevamos tanto el equipo de spinning ligero como el equipo de rockfishing, con la idea de buscar cualquier zona donde el viento no molestase demasiado. Descartamos varios lugares por los que íbamos pasando: donde no había bañistas, el viento era horrible.

Llegamos a un pedrero de muy fácil acceso que nunca había visitado, y me pareció interesante. Aunque había mucho viento y mar de fondo, el agua no estaba turbia del todo, y se intuía una buena profundidad. ¿Habría algo ahí abajo?

Empezamos a pescar

Sin montar el equipo de rockfishing por el viento, empezamos a pescar con el equipo de spinning.

Tras una hora probando diversos señuelos, y con la incomodidad del viento, decidimos insistir con los Black Minnow con cabeza de 10 gramos. Probamos durante un rato el color kaki y el azul, y ni un mísero rasguño.

Inma sugirió utilizar el color rosa fluorescente. Aunque yo soy más de colores naturales, a ella le gustan bastante los colores llamativos, y no quedaba mucho más por probar.

Lo pusimos, y se confirmó que era una gran idea. En el segundo lance con este señuelo, capturamos un pequeñísimo espetón que dejó bastante maltrecho el vinilo. ¡El objetivo estaba cumplido, se había evitado el bolo!

Tras la foto y la suelta del bichillo, a seguir pescando. Con cianocrilato remendamos  el vinilo en la medida de lo posible, ya que era el único que llevábamos de ese color, y había funcionado. Apetecía buscar más espetones y entretenernos un poco más.

La gran sorpresa: mi primera dorada a spinning

Justo en el siguiente lance, dejé hundir el señuelo hasta el fondo. Un par de vueltas de manivela de carrete, dos toques de puntera, vuelta de carrete, y al siguiente toque de puntera, ¡booom! ¡Impresionante picada!

Empecé la recogida, y con mucho cuidado de no rozar las piedras, fui acercando el indeterminado pez. Los tirones me decían que eso no era otro espetón. Tras un par de minutos conseguí que subiera a la superficie, y pude ver con qué estábamos luchando, ¡era una dorada bastante grande!

Me puse bastante nervioso, la verdad. No llevabábamos el salabre, y no iba a ser fácil levantarla. Al subirla a la primera piedra, de un coletazo, rompió el bajo de fluorocarbono de 0,28mm. Pude sujetarla con la palma de la mano, y asegurarla para que no se cayera al mar con el señuelo.

¡Y se acabó!

Tras esta captura, empezaron a pasar kayaks y algunas barcas muy cerca de donde estábamos, y los peces desaparecieron. Tras 4 horas de pesca, las dos capturas se concentraron en dos lances, ¡pero qué alegría!

Siempre se ha dicho que capturar una dorada a spinning en esta zona es imposible. O casi. ¡Salidas así no se olvidan nunca!

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